Cartas del doctor Teodoro Wolf, á S. E. el jefe supremo de la república, sobre su viaje al Cotopaxi, ,

4 de octubre de 1877

Excelentísimo Señor:

Con el favor y poderoso apoyo de V. E. pude realizar, durante el mes pasado de Septiembre, un estudio detenido del Cotopaxi y de sus alrededores, que después de la grande erupción del 26 de Junio del año que rige, ofrecen un alto interés científico, Me fue posible hacer una ascensión al cráter mismo del volcán y hacer las observaciones, que en tales circunstancias la curiosidad humana puede exigir de la ciencia geológica. Pienso escribir un librito, un especie de monografía del Cotopaxi; pero tardará algunas semanas hasta que llegue el plano topográfico, que acabo de mandar á Europa á hacerlo grabar juntamente con una lámina, que deberán acompañar la obrita para su inteligencia más fácil. Mientras tanto dígnese V. E. aceptar una relación sucinta de mi viaje y de sus resultados principales. A mi llegada á Latacunga se reunió conmigo para la empresa mi amigo al Señor Alejando Sandoval, joven no solamente lleno de entusiasmo para las ciencias naturales; sino también muy aprovechado en mineralogía y geología, é hicimos todo el viaje juntos. Como varias personas habían escrito sobre las tristes consecuencias de las avenidas de agua y lodo y los estragos que han causado en los valles (1) pudimos pasar ligeramente sobre este objeto y dedicar nuestro tiempo principalmente al estudio del cerro mismo, que prometió, además de muchos otros resultados, la definitiva solución del origen de aquellas avenidas. Las inmediaciones del Cotopaxi en los páramos mas altos siempre han sido bastante despobladas, pero desde la última catástrofe han quedado á lo menos para algún tiempo, completamente desiertas y las pocas ovejeras, han sido en parte arrebatadas por las aluviones, en parte abandonadas, de manera que el viajero no encuentra allá ninguna clase de recursos y debe proveerse de todo lo necesario para la vida en Latacunga y Mulaló; debe llevar un número suficiente de peones y bestias, y de primera necesidad le será un toldo de campaña, si piensa pararse algunos días en esas alturas, en que el termómetro de noche marca 2 ó 3 grados bajo cero, en que ningún árbol, ningún arbusto le ofrece abrigo contra los vientos furiosos y las lluvias heladas. A veces á distancia de muchas leguas no se encuentra leña para cocinar, ni un palo para el toldo, ni agua ni pasto para las bestias. Nos hemos convencido de que en paseos ordinarios, en que cada noche se quisiera regresar á los pueblos ó haciendas circunvecinas, no se puede hacer un estudio completo de las faldas del Cotopaxi, mucho menos pensar en una ascensión hasta el cráter, porque las distancias son demasiado grandes. Hago esta indicación, para que otros viajeros puedan arreglarse desde el principio de la manera mas conveniente, sin perder su tiempo en experimentos y tentativas inútiles. La mala é insuficiente preparación de los viajes y el poco tiempo que se han tomado, ha sido la causa principal de que en los tiempos anteriores las empresas de ascensión han fracasado y de que en consecuencia de esto en los habitantes de Latacunga y Quito se había arraigado la convicción general de que sea imposible trepar á la cúspide del Cotopaxi, hasta que el señor Doctor Reiss en 1873 por primera vez hizo desvanecer esta convicción, que él llama con mucha razón "la dificultad de las dificultades." Poco tiempo después el compañero de este viajero, el señor Doctor Stúbel subió también al cráter, y nuestra ascensión el 9 de septiembre de este año, que es la tercera, ha comprobado de nuevo la relativa facilidad de la subida, como demostraré mas adelante.- Con la ayuda del señor Gobernador de Latacunga y del señor Teniente Político de Mulaló arreglamos nuestro viaje de tal manera, que unos quince días seguidos pudimos vivir en los inhospitalarios arenales del Cotopaxi, rodeando poco á poco el cerro, casi siempre en la cercanía de las nieves perpetuas. El Cotopaxi, el segundo cerro en altura después del Chimborazo en la República ecuatoriana, y solamente de 367 metros mas bajo que este último, es el volcán activo mas alto del globo terrestre, y en cuanto á su presencia exterior uno de los mas hermosos é imponentes. En la distancia de algunas leguas presenta, sobre todo después de nevazones fuertes, la figura de un cono muy regular con la punta cortada, "como hecho al torno" según la expresión del Barón de Humboldt; pero esta regularidad desaparece desde luego que uno se acerca a sus faldas y mucho mas cuando sobre por sus laderas empinadas, las que de lejos parecen pequeñas ondulaciones y líneas oscuras, resultan quebradas hondísimas, abismos profundos, crestas erizadas y peñas tajadas. Las paredes perpendiculares de las quebradas, que no rara vez exceden de cien metros de altura, ofrecen una ocasión excelente para el estudio de la estructura geológica del cerro, y resulta que en todas partes que son accesibles á la observación, se compone exclusivamente de los mismos ó semejantes materiales, que fueron los productos de las últimas erupciones históricas. Bancos muy gruesos de lavas antiguas van alternando con otros de cenizas y arena volcánica. La teoría cultivada por Mr. Boussingaut, pero ya abandonada por la mayor parte de los geólogos, de que los altos volcanes de los Andes se hubiesen formado por el levantamiento de rocas traquíticas ya consolidadas y en grandes fragmentos, no encuentra ningún apoyo en el Cotopaxi, y no se halla en los alrededores de este volcán ni una sola prueba de levantamientos de alguna clase. Sea lo que fuera del levantamiento de la cordillera andina en general, parece que los volcanes, que la coronan y en especial el Cotopaxi, se han alzado a sus alturas actuales por una simple acumulación de los materiales arrojados, alrededor de su bocas, es decir por grandes y repetidas erupciones en el transcurso de los siglos. Los geólogos de nuestra edad se vieron precisados á restringir mas y mas la teoría de levantamientos, establecida por Elio de Beaumont y Leopoldo de Buch, y adoptar sobre todo para la estructura de los volcanes unas explicaciones mas sencillas y mas conformes á las observaciones directas. Así es, que los "cráteres y volcanes de levantamiento," que se han buscado en algún tiempo en todas las regiones volcánicas, desaparecen mas y mas de los libros geológicos, y para la mayor parte de los volcanes del mundo resulta una estructura y un origen mas sencillo, cual quisiéramos vindicar también á nuestro Cotopaxi. Íntimamente enlazado con el error respecto á la estructura y al origen de los volcanes andinos, se halla la opinión errónea, de que estos mismos nunca hubiesen arrojado lava verdadera ó corrientes de lava ígneo-fluida. Demostraré luego, cuan enormes masas de lava perfectamente líquida arrojaba el Cotopaxi en su última erupción; pero aun sin esta prueba novísima, y aun abstrayendo de los bancos de lava descubiertos en las quebradas antes mencionadas, cada observador puede convencerse de este error, subiendo á los arenales y hasta la nieve perpetua del volcán. Allá encontrará en todos los lados del cerro las corrientes de lava superficiales y con su desarrollo típico, como puede desearlo. Generalmente bajan estas corrientes por una de las quebradas hondas, que tienen su origen un poco arriba de la línea de la nieve perpetua, ó forman lomas entre dos quebradas vecinas. Hemos contado en nuestro viaje mas de doce corrientes de esta clase, que no dejan duda ninguna, y que se extienden en el sentido longitudinal ya mas ya menos largas por los arenales suavemente inclinados al pié del volcán, según la lava era mas líquida ó mas espesa. Algunas de estas corrientes se han formado durante las erupciones históricas, como por ejemplo la bifurcada en Manzanahuaico y Pucahuaico en 1854. (2) Sin repetir por ahora la enumeración de las antiguas erupciones del Cotopaxi la hice en otra ocasión, y también el Padre Sodiro da un "resumen histórico" de ellas en su librito pasaré inmediatamente á las catástrofe última del 26 de junio del año presente, la cual, aun comparada con las mas grandes erupciones antiguas podemos llamar extraordinaria y excepcional. Parece que en ninguna otra ocasión las avenidas de agua y lodo habían sido tan generales por todos los lados del volcán y tan grandes en su totalidad, que igualmente la efusión de lava ígneo-liquida jumas se había verificado en una escala tan enorme. La lava nueva de este año se distingue en su estado consolidado por su aspecto exterior á primera vista de todas las lavas antiguas. El cerro, que desde el 21 de abril hizo repetidas erupciones de ceniza, arena y bombas volcánicas, anunciando de esta manera una actividad mas intensa, que el 26 de junio llegó al grado mas alto, siguió después durante mas de un mes arrojando los mismo materiales é impidiendo la ascensión al cráter. Pero en los primeros días de septiembre, al principio de nuestro viaje, se había sosegado en tanto, que pudimos acercarnos sin mucho riesgo. La única señal de actividades continuada, que observábamos todos los días, eran las densas nubes de humo y vapores, que, saliendo del cráter y de las rajaduras de su circunstancia, envolvían la copa ó se levantaban en penachos separados sobre ella, cuando el viento se calmaba; espectáculo lindísimo, sobre todo cuando en las mañanas y las tardes todo el cerro estaba despejado y presentaba todas sus formas gigantescas en tanta proximidad, En todo el tiempo de nuestra observación el Cotopaxi no lanzaba materiales sólidos ó líquidos de su boca.

11 de octubre de 1877

Excelentísimo Señor:

Plantamos nuestro toldo primeramente en los "Llanos de Planchas" en la altura de 3,620 metros, un poco debajo de principio de los arenales (3900 metros) y dedicamos cuatro días al estudio del lado Oeste del volcán. Varias quebradas profundas cortan en este lado las faldas del cerro, principiando algunas mas arriba de la línea de la nieve perpetua y otras casi en esta misma, que se halla en la altura de 4,700 metros. Las quebradas ó "huaicos" principales son los siguientes (saliendo de S. al N.); el Burrohuaico, de que nace el río Saquimálao, el Pucahuaico, cuya continuación es la quebrada de Planchas; entre ambos se levanta como un promontorio del Cotopaxi el corro de A mi; siguiente el Manzanahuaico, Chanchungahuaica y Millihuaico, y esto tres se reúnen á corta distancia del cerro entre sí y con una quebrada que viene de Limpiopungo, para formar reunidos el río Cutuchi, que baja con un arco grande á la llanura de Callo, en donde recibe primeramente la quebrada de Planchas, después el río Saquimálac y otras Quebradas, que serán mencionadas después.-Lo primero que se observa subiendo en dichas quebradas y entre ellas al nevado, es el hecho, que el cerro no ha perdido durante la erupción toda su nieve ó hielo, ni la mayor parte de él. Verdad es, que en alguna distancia y aun en bastante proximidad se presentaba comúnmente oscuro y casi negro y cuando durante la noche se había cubierto de nieve, bastaban pocas horas de sol para hacer que desapareciera casi toda esa nieve superficial, excepto algunas manchas en tal cual parte. Pero acercándose bien, se ve que debajo de una capa de ceniza y arena de mas de un metro de espesor, se ha conservado el manto de hielo casi integro, en todas las partes, que por su posición fueron preservadas contra los torrentes mayores de lava ígnea. en algunas partes, así se ha derretido toda la nieve vivas y completamente desnudas del cerro, se han formado como calles profundas y anchas en la nieve, creando el cono desde el borde del cráter hasta abajo, en donde corresponden generalmente al principio de una quebrada. No se debe creer, que estas calles sean limpias y regulares, antes será difícil, que las fantasía se imagina un aspecto mas caótico y horroroso: enormes pedazos de lava reciente, peñascos de lavas antiguas, trozos inmensos de hielo recién desprendidos, piedra rodadas de la cima, arena y ceniza, todo estos materiales forman una mezcla extraña y un terreno sumamente áspero, lleno de cretas, rajaduras, grietas y precipicios. En nuestra ascensión al cráter tuvimos que atravesar con mucho trabajo una de estas calles, que tiene á lo menos 500 metros de ancho y en algunos lugares 20 de profundidad, aunque está medio rellenada de dichas materias, Precisamente en estas calles se ve con evidencia, que una parte relativamente pequeña de nieve del cerro se ha derretido, porque en sus paredes se descubren los bancos de hielo compacto, como piedra, y las partes visibles de ellos (no tomando en consideración el resto que esta todavía cubierto en la profundidad) tiene en el lado Oeste á lo menos 15 metros de espesor, y en el lado oriental los hemos calculado varias veces en 40 hasta 50 metros. Como he dicho antes, tales calles formadas por el derretimiento del hielo y de la nieve, se encuentran solamente en donde bajaron los grandes torrentes de lava ígnea, y por esto las mayores acumulaciones de ella siempre se encuentran al pié del volcán en las quebradas que son continuaciones directas de aquellas calles. En otras erupciones del Cotopaxi se ha observado lo mismo, que las avenidas de agua bajaron de las quebradas, que mas arriba, en la parte nevada, sirvieron de cauce á la lava ígnea; pero como en esta última ocasión el derrame de lava era general y casi igual hacia todos los lados (lo demostraré después) también la formación de calles en la nieve debía verificarse en todo el contorno del cerro, y en efecto hemos observado que excepto dos ó tres quebradas insignificantes, todas las demás (á lo menos veinte grandes y muchísimas pequeñas) se han llenado de las avenidas acuosas, y en todas ellas se encuentra al menos en la parte superior, grandes y numerosos trozos de la lava nueva (continuará) .

18 de octubre de 1877 (ocho de septiembre)

Excelentísimo Señor:

Muchas personas no pueden convencerse hasta el día, de que las grandes inundaciones que desbastaron las llanuras de Latacunga, el valle de Chillo y las riberas del río Napo, habían provenido simplemente del derretimiento del hielo del Cotopaxi, pero el que examina la cosa de cerca, se admira mas bien de que las inundaciones en los valles no han sido mas grandes y se convence de que la conservación de Latacunga y de muchas haciendas de Chillo se debe únicamente a la circunstancia, que la mayor parte de los materiales, que por la fuerza de las aguas se han desprendido y precipitado de las faldas del volcán, han quedado depositados en las inmediaciones desiertas del cerro, en los llanos suavemente inclinados que rodean su pié, y en la parte superior de las quebradas. El Padre Sodiro ha demostrado matemáticamente, que la tercera parte de la nieve que cubrió el Cotopaxi, sobraba para ocasionar una catástrofe como la del veinte y seis de junio, y esto basando su calculo en suposiciones muy moderadas y casi todas en su disfavor. La masa del hielo en el Cotopaxi es mucho mas considerable que él supone y por consiguiente pudo derretirse mas que la cantidad calculada, sin que por esto el cerro quedara privado de nieve. estoy seguro que cualquiera, por su escéptico que sea en esta materia considerando como nosotros en la cercanía las fabulosas masas de hielo que existen todavía aunque cubiertas de una capa de arena, convendría en que estas masas serian suficientes para ocasionar á lo menos: diez inundaciones iguales á la del 26 de junio (*) é igualmente en que el hielo, que llenaba antes las calles mencionadas, bastaba sobradamente para causar por su derretimiento casi instantáneo las avenidas y su efectos. Para convencerse de esto, basta acercarse con ojos abiertos al cerro y argumentos matemáticos parecerán excusados. Hay que tomar en cuenta dos circunstancias importantes 1a que derretido, sino que mas de su mitad consistió en piedras, arena, ceniza, con una palabra en materiales sólidos arrastrados por el agua, y 2a que la inundación no duró mas que una hora (según los habitantes de Pedregal solamente V hora). Como queda dicho arriba, los efectos del aluvión en cada una de las quebradas en su parte superior son tales, que causa admiración, que reunidos no han producido estragos mas considerables en las partes inferiores de los valles. Así por ejemplo la quebrada de Manzanahuaico tiene en su parte inferior al pié del nevado, en donde el declive comienza á ser mas suave, al menos 60 metros de profundidad y 100 de ancho con paredes casi verticales, y sin embargo este cauce no cabía los materiales que se precipitaron por él; se derramó á las quebradas vecinas y sobre las lomas, y en donde la quebrada se declina al NO para recibir las de Chanchunga y Millihuaico, se desbordó sobre los arenales de Planchas á una distancia de mas de una legua, amontonando colinas altas de lava fresca. Ahora bien, Manzanahuaico es solamente una de las ocho quebradas grandes, que del lado Oeste bajan á las llanuras de Latacunga, y de las cuales cada una ha contribuido en proporciones semejantes á la inundación general. Conforme y proporcionada á tales efectos se presenta la profunda y ancha calle en el hielo, que se observa desde la línea de la nieve perpetua hasta el borde de la línea de la nieve perpetua hasta el borde del cráter: en pocas otras partes, excepto tal vez en el lado Este, presenta el cerro un aspecto tan espantoso, como precisamente aquí, en donde el Doctor Reiss había practicado su primera ascensión al Cotopaxi con tan feliz éxito. Subimos hasta el punto, en que este viajero puso su campamento, al principio de la nieve perpetua entre Manzana-y Pucahuaico, pues nuestra primera intención fue, hacer la ascensión por el mismo camino que él describió como fácil, seguro y el mejor en aquel tiempo; pero todo encontramos cambiado, y nuestro peón, que cuatro años antes había acompañado al señor doctor Reiss, apenas pudo reconocer la región y el punto en que habían plantado el toldo. la corriente de lava de 1853, que antes formaban un camino tan cómodo hasta cerca del cráter, fue destrozada y destruida en gran parte por el último cataclismo, y todo el cerro se presentó tan lleno de precipicios y peñascos verticales, que desde luego nos pareció inútil hacer el menor esfuerzo para treparlo en este lado. Desde el campamento en Planchas, observábamos hacia el NO del cerro todos los días una cresta bien tendida, cuya inclinación general no pareció mas de 35 á 40 grados y que sin interrupción aparente subió desde la línea de la nieve perpetua hasta muy cerca á la cúspide mas elevada del Cotopaxi, que es la del Norte. Comúnmente se presentaba este lado muy negro, y la poca nieve que solía caer de noche, siempre desaparecía durante el día. Si nos era posible subir por la dicha cresta hasta la grada que divisamos unos 500 metros debajo de la cumbre, pudimos abrigar la esperanza de vencer también la última dificultad y trepar al cráter de erupción, cuyo talud se presentó de lejos sumamente escarpado.- Trasladado nuestro campamento á la laguna en el arenal de Limpiopungo (Alt. 3888 metr), comenzamos á examinar el volcán del lado NO y N, y el filo mencionado se nos ofreció de todos los puntos de observación con las mismas condiciones favorables, de manera que nos resolvimos á ha comprobado lo acertado de nuestra elección, y la minuciosa inspección de los demás lados del Cotopaxi dos hizo creer posteriormente, que por ahora nuestro camino es probablemente el único practicable al cráter del volcán. Por esto me detendré un momento en la descripción de el y de nuestra ascensión, por que estoy seguro, que cualquiera persona de una constitución corporal algo robusta podrá repetir el viaje sin riesgo y dificultad. Así como el lado Oeste, también al Norte bajan varias quebradas ó "huaicos" grandes, que reunidos en los rios Pedregal y Pita se dirigen al valle de Chillo. El primer huaico que se encuentra después de subir á Limpiopungo, y que queda á la derecha del camino á Pedregal, es el de Yanasache. en él ó mas bien á su lado se observa una de las mas grandes y hermosas de aquellas corrientes antiguas de lava, de que he hablado al principio; esta corriente tiene casi una legua de largo, en la parte inferior en donde entra en el arenal de Limpiopungo, una media legua de ancha (con todas sus ramificaciones) y un espesor y altura variable de 30 á 60 metros. Hacia arriba, al principio del nevado, la corriente va estrechándose mas y mas y perdiéndose finalmente debajo del manto de hielo, que cubre sus ásperas formas superficiales. Allá arriba, al principio de la lava, debíamos plantar nuestro toldo, pues la corriente de Yanasache es la directa continuación del filo que había de servirnos de camino. Subir sobre la lava misma no era posible, y á su izquierda (lado N) existe la inaccesible quebrada de Yanasache, pero á su derecha (lado O) bajan arenales con una inclinación módica. Examinado una vez bien el camino que debíamos tomar, de manera que era imposible errarlo, subimos en la tarde del 8 de septiembre, a pesar de la temporada malísima, el toldo y las cosas mas indispensables para vivir algunos dias, hasta la nieve perpetua, en la altura de 4609 metros. Desde Limpiopungo se hace este camino en dos horas á caballo y con bestias de carga, dejando siempre á la izquierda la lava de Yanasache, que puede servir como de guía, cuando las nubes y nieblas no permiten orientarse de otra manera. A las cinco de la tarde el toldo estuvo arreglado, las bestias regresaron al campamento de Limpiopungo, y solamente dos peones, que nos parecieron los mas valientes, se quedaron con nosotros para acompañarnos el día siguiente. en los valles de Chillo, de Machachi y de Latacunga se habían formado tres tempestades al mismo tiempo y los truenos que acompañaban las descargas eléctricas, retumbaban en la profundidad á nuestros pies, mientras que en los estratos atmosféricos que rodeaban á nosotros y el nevado mas arriba, soplaba un viento recio de Norte que agitaba con mucha velocidad a las nubes ligeras por las faldas del cerro, y de ves en cuando caía un granizo fino. Durante la noche bajó el termómetro solamente á -1 a C, de manera que el frío era soportable.- Lo que á las 4 de la mañana llamó mucho nuestra atención y que no hubiéramos esperado en esta altura, 700 metros sobre la última límite de vegetación, era el silbido de algunos pájaros, que dormían en los huecos de la corriente de lava, á cuyo abrigo estaba el toldo; y mas admiración nos causo cuando descubrimos, que estos cantadores matutinos (los hemos visto también unos 500 metros mas arriba) eran aves palustres de la graciosa familia de los zarapicos, una pequeña especie de Charadrius. ¡ Qué ventaja puede obligar á estos pájaros á abandonar los márgenes de los pantanos en las llanuras, que les ofrecen un alimento abundante, y á buscar los secos y estériles arenales del Cotopaxi no solamente de día sino para dormir y vivir allá, en donde insectos y gusanos, de que se sustentan, sino faltan completamente, siempre deben ser sumamente escasos? Esta observación me pareció bastante curiosa y digna de ser mencionada, por que no recuerdo haber leído ni oído, que pájaros de esta clase viven en tantas alturas. El día 9 de Septiembre amaneció con mucha nevazon y con un viento fuerte. Pero luego que á las 7 de la mañana el tiempo se abrió un poquito y el cerro se despejó algún tanto, no resolvimos á empezar la ascensión, aunque los peones mostraron mucha gana de quedarse echados en el toldo. - Primeramente debíamos ganar la altura de la corriente de lava, que nace allí como una nariz del cerro, y esta primera subida, aunque es corta y la altura no mas de 70 metros, es muy trabajosa, porque la inclinación del terreno es al menos de 45 grados. El ancho de la corriente mide en este punto que es su principio superior, todavía unos 200 metros, al lado izquierdo nace la quebrada de Yanasache y á la derecha el Millihuaico, de manera que la cuchilla, en que subimos, es la línea divisoria de las aguas que se dirigen al Pacífico (por el Esmeraldas) y de las que van al Atlántico (por el Pastaza). La corriente de Yanasache está cubierta de una espesa capa de arena y ceniza, arrojada en la última erupción, y la misma continúa hacia mas arriba, de manera que se pasa insensiblemente y casi sin saberlo a la parte del cerro que está cubierta del manto de hielo. Los materiales superficiales, de suyo flojos y sueltos, se congelan y se consolidan durante la noche por el agua que les penetra durante el día y después se convierte en hielo, y así en las primeras horas de la mañana ofrecen un piso firme y seguro, lo que ayuda mucho la ascensión la poca nieve que había caído en la noche pasada (una pulgada poco mas ó menos ) iba derritiéndose á medida que el sol se levantaba, y muy pronto nuestro camino presentaba el aspecto oscuro de los arenales inferiores, y era difícil persuadirnos que andábamos sobre bancos de hielo de 40 metros de espesor. Solamente cuando en la mitad del cerro (en la altura de 5020 metros) teníamos que cruzar la ancha y profunda calle, que la lava ígnea había excavado en la nieve y de la cual he hablado mas arriba, pudimos convencernos basta la evidencia de ese hecho curioso. Cierto es, que la ultima erupción del Cotopaxi, aunque en unas partes ha destrozado sus faldas, en otras, y sobre todo en la cuchilla de que hablo, ha allanado el camino y facilitado la subida, ocultando el hielo compacto y liso, que en un terreno de 25 á 40 grados de inclinación hace imposible ó á lo menos muy peligrosa la ascensión. Hasta las 9 del día el tiempo quedaba bastante bueno y gozábamos de una vista lindísima sobre las provincias de Pichincha y de León, que se extendía de esta vista de pájaro á nuestros pies como en una carta geográfica; pero en seguida las nieves envolvían todo el cerro, y las nieblas y nevascas eran á veces tan densas, que no podíamos distinguir sino objetos mas cercanos, y era preciso aprovechar para las observaciones de los cortos momentos en que las ráfagas de viento disipaban un poco las nubes.- Ya habíamos caminado mas de 3 horas, sin tropezar con impedimento alguno en el terreno y sin pisar nieve honda Entonces la cuchilla, hasta ahora bastante ancha, comenzaba en la altura de 5200 metros de repente á estrechar en el extremo, que ni dos personas podían pasarla una al lado de otra. Era preciso andar con mucho cuidado, por que á la izquierda se abría un abismo horroroso con paredes verticales de mas de 100 metros de profundidad verticales de mas de 100 metros de profundidad, y á la derecha teníamos un plano de hielo con mas de 60 grados de inclinación, que hacia abajo acabada igualmente en un precipicio perpendicular, de suerte que un resbalón, un solo paso errado á uno ú otro lado, ocasionaba la muerte inmediata y segura. (*) Con esto no quiero decir que, una erupción eventual las ocasionaría en efecto, porque la lava ígnea seguiría en este caso sin duda en su mayor para el rumbo de las calles ya abiertas, en que durante los primeros años encontraría poco hielo que derretir. (continuará) 8 de Noviembre de 1877 CARTA DEL DOCTOR TEODORO WOLF, Á S. E. EL JEFE SUPREMO DE LA REPUBLICA, SOBRE SU VIAJE AL COTOPAXI. En la quebrada de Chanchunga, al pié oeste del cerro, encontramos la lava amontonada á la altura de 8 á 10 metros; tenía esta verdadera corriente de trozos de lava unos mil metros de largo y casi doscientos de ancho. Esta inmensa cantidad de lava no podía enfriarse tan pronto, y estaba cubierta de centenares de pequeñas chimeneas,, por las que salía un vapor acuoso con 80 á 90a centígrados de calor y con tanta fuerza, que arrojaba la arena que caía en los huecos, formando cráteres en miniatura al rededor de ellos. Allá seguramente la lava interior estaba todavía enrojecida, 70 días después de la erupción. El mismo fenómeno pudimos observar en el lado este del Cotopaxi, en la quebrada de Chuirimachay, que se dirige al Valle vicioso . Allí existe una corriente semejante y aun mas grande de lava fresca, que en toda su extensión estaba humeando como la de Chanchunga. Finalmente toda la cúspide del volcán al rededor de la boca, es decir el cono de erupción, hasta unos 300 metros hacia abajo, está cubierto de inmensos trozos de lava fresca y muy caliente, sobre todo la cúspide del Norte, que en esta ocasión se ha alzado de algunos metros por la acumulación de la lava. Fuera de las masas amontonadas cerca de la cúspide, y las corrientes en Chanchunga y Chirimachay huaico, el resto de la lava se halla diseminada y esparcido desigualmente sobre regiones tan espaciosas (hasta Baños, Napo, el valle de Tumbaco &a.), que es difícil avaluar siquiera aproximadamente su cantidad. Sin embargo podemos asegurar sin riesgo de incurrir en una exageración, que de cada una de las 18 ó 20 quebradas grandes bajaba tanta lava ígnea, que reunida en un solo lugar formaría á lo menos una corriente continua de 100 metros de largo, 200 de ancho y 50 de altura, ó de 10 millones metros cúbicos de lava; lo que daría para las veinte quebradas reunidas una corriente de lava de 200 millones metros cúbicos. (continuará)

Introducción

el alemán y el ecuador magnético

Introducción

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el alemán y el ecuador magnético

8 de Noviembre de 1877

En la quebrada de Chanchunga, al pié oeste del cerro, encontramos la lava amontonada á la altura de 8 á 10 metros; tenía esta verdadera corriente de trozos de lava unos mil metros de largo y casi doscientos de ancho. Esta inmensa cantidad de lava no podia enfriarse tan pronto, y estaba cubierta de centenares de pequeñas chimeneas,, por las que salia un vapor acuoso con 80 á 90a centígrados de calor y con tanta fuerza, que arrojaba la arena que caia en los huecos, formando cráteres en miniatura al rededor de ellos. Allá seguramente la lava interior estaba todavía enrojecida, 70 dias despues de la erupcion. El mismo fenómeno pudimos observar en el lado este del Cotopaxi, en la quebrada de Cquirimachay, que se dirije al Valle vicioso Nlli existe una corriente semejante y aun mas grande de lava fresca, que en toda su extensión estaba humeando como la de Chanchunga. Finalmente toda la cuspide del volcan al rededor de la boca, es decir el cono de eupcion, hasta unos 300 metros hacia abajo, está cubierto de inmensos trozos de lava fresca y muy caliente, sobre todo la cúspide del Norte, que en esta ocación se ha alzado de algunos metros por la acumulacion de la lava. Fuera de las masas amontonadas cerca de la cuspide, y las corrientes en Chanchunga y Chirimachayhuaico, el resto de la lava se halla diseminada y esparcido desigualmente sobre regiones tan espaciosas (hasta Baños, Napo, el valle de Tumbaco &a.), que es difícil avaluar siquiera aproximadamente su cantidad. Sin embargo podemos asegurar sin riesgo de incurir en una exajeracion, que de cada una de las 18 ó 20 quebradas grandes bajaba tanta lava ígnea, que reunida en un solo lugar formaría á lo ménos una corriente continua de 100 metros de largo, 200 de ancho y 50 de altura, ó de 10 millones metros cúbicos de lava; lo que daria para las veinte quebradas reunidas una corriente de lava de 200 millones metros cúbicos.

[Se ha mantenido la ortografía del original]

 

En Introducción Teórica, Base de Datos sobre la Erupción del Volcán Cotopaxi de 1877 del Dr. Carlos Argüello.

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